Querido compañero Frei Betto
 
En estos momentos el pueblo de Nicaragua está siendo sometido a un violento golpe de Estado financiado por la ultraderecha de Miami y de Colombia y las redes del narcotráfico y el crimen organizado. No es una rebelión popular, es un golpe de Estado. Sólo hay conflictos en menos de una treintena de los municipios del país que son 153 en total.
 
Antes que me diga nada sobre el Gobierno Sandinista le quiero recordar que a nadie le hacen un golpe de Estado por los errores que pudo haber cometido, sino por haber hecho cosas que dañasen los intereses de los poderosos. El Gobierno Sandinista efectivamente impidió el establecimiento de los cárteles de la droga en el país y mejoró dramáticamente las condiciones de vida de los sectores populares.
 
Con el solo hecho de haber fortalecido a Nicaragua como nación en el contexto centroamericano, el Frente Sandinista amenaza cualquier tipo de proyecto hegemónico en la región, especialmente el de los Estados Unidos. Con el solo hecho de haber recuperado 90 mil kilómetros de mar territorial que antes controlaba Colombia en el Caribe, el Gobierno Sandinista amenaza las pretensiones hegemonistas del Uribismo en Centroamérica.
 
La oposición que se dice pacífica en Nicaragua, está torturando, secuestrando y asesinando a civiles, especialmente a sandinistas. Ataca e incendia hospitales y escuelas. Se basa en un enjambre de ONGs financiadas con dinero de la USAID, la NED, el NRI, los países europeos y el crimen organizado. No es una oposición orgánica, es totalmente tóxica.
 
Lo más triste de todo, es que cuenta con el apoyo de la gran mayoría de las estructuras de la Iglesia Católica de Nicaragua. Prácticamente cada iglesia se ha convertido en un comité de base de estos grupos que cuando tienen la oportunidad se dedican a reeditar los horrores de la Guerra Civil Española en la Patria de Sandino.
 
Por la manera de actuar de muchos de los curas en Nicaragua, es inevitable hacer un paralelo con el genocidio de Ruanda en el que la Iglesia Católica jugó un papel fundamental. En el caso de Nicaragua, no sería el primer genocidio político dirigido a eliminar al sandinismo.
 
El primero fue el que se cometió contra los campesinos que se alzaron con Sandino, inmediatamente después del asesinato del General de Hombres Libres en 1934. Hoy en día, matar a todos los millones de sandinistas que viven en Nicaragua es la única manera de entregarle el país a los intereses más oscuros del capitalismo.
 
Sabemos que eso no es culpa del Papa Francisco sino de los sectores que quieren asesinarlo y con ello asesinar su proyecto.
 
Ante esto usted, compañero Frei Betto, no puede permanecer callado. Usted puede influir en sectores de la iglesia y también es amplios sectores de la izquierda que han sido objeto de un trabajo de años de los órganos de inteligencia occidentales con el fin de desvirtuar la realidad de Nicaragua.
 
Si no me cree, le ruego que tome nota de las pruebas que tenemos para presentar en sitios web como los que abajo anoto. (Así como de la carta abierta escrita por el compañero Camilo Mejía, ex preso de conciencia de Amnistía Internacional y veterano objetor a la guerra de Irak, documento que adjuntamos y que ha sido ampliamente reproducido en la prensa).
 
Esperando que atienda este pedido urgente me despido, fraterno:
 
Jorge Capelán