No es un accidente que los super-revolucionarios del Movimiento de Rescate del Sandinismo usen el mismo acrónimo que sus contrapartes socialdemocratas del Movimiento Renovador Sandinista. Comparten la misma confusa motivación antidemocrática fundamental basada en el odio al Frente Sandinista de Liberación Nacional que hace muchos años los expulsó del partido. Por ende, comparten el mismo objetivo político, que es derrocar el legítimo gobierno de Nicaragua y su Presidente Daniel Ortega Saavedra para lograr su revancha.

Que en el curso de alcanzar su objetivo hayan dañado gran parte de la vida económica y la paz social de Nicaragua, no les importa. Siguen en su afán de atacar el gobierno y entorpecer el diálogo nacional. No tienen un plan nacional de desarrollo humano económico, social y cultural. No tienen una estrategia para reducir la pobreza, garantizar la prosperidad, la seguridad y la soberanía nacional. En encuesta tras encuesta desde 2011 han tenido menos de 1% de apoyo popular electoral. Por supuesto, ya que su base económica es la red gerencial de organizaciones no gubernamentales financiadas por el gobierno de Estados Unidos, sus gobiernos aliados y sus respectivas aliadas entre fundaciones corporativas y agencias de cooperación para desarrollo.

Por eso los MRS no tienen apoyo político popular a nivel nacional y se ven forzados a hacer alianzas con la derecha tanto a nivel nacional como internacional. Dentro de Nicaragua, se han aliado con los sectores más reaccionarios de la iglesia católica, del sector empresarial y de la clase política. A nivel internacional, han solicitado abiertamente apoyo de las élites terroristas estadounidenses que atacan a Cuba y Venezuela representadas por políticos como Marco Rubio, Ted Cruz e Ileana Ros-Lehtinen. De hecho son aliados de las élites oligárquicas de Colombia, igual que Michael Healy de UPANIC, quien finge ser representante de los productores agropecuarios nacionales cuando de hecho es un mero empleado de un grupo de inversionistas colombianos.

A pesar de esta realidad, la mayor parte de la opinión progresista y radical norteamericana y europea apoyan los MRS y condenan al gobierno Sandinista y su presidente Daniel Ortega, por ser neoliberal y represivo. Es difícil entender ese nivel de ignorancia, arrogancia e hipocresía. Una pregunta fundamental es por qué la llamada izquierda occidental piensa que sabe más que el Foro Sao Paulo, o más que Fidel y Raúl Castro o Miguel Diaz Canel, o más que Hugo Chávez Frías, Nicolás Maduro o Diosdado Cabello, o que Evo Morales o Inácio Lula da Silva. Todos estos dirigentes reconocen el carácter revolucionario del gobierno Sandinista en Nicaragua y su Presidente Daniel Ortega. Ese reconocimiento está basado en la política externa antiimperialista del gobierno Sandinista y sus políticas domésticas de inspiración socialista.

Para dar una idea, desde el año 2007, contra la oposición del Fondo Monetario Interncional, el gobierno Sandinista ha venido dedicando cientos de millones de dólares al año de la ayuda venezolana para democratizar la economía, especialmente el micro, pequeño y mediano sector agropecuario. La energía está subsidiada para las familias que consumen menos de 150Kw al mes. El precio del transporte colectivo urbano en Managua está subsidiado y no han subido la tarifa en diez años. Los dueños y cooperativas de buses y de taxis reciben ayuda para comprar sus vehículos y accesorios. El agua sigue siendo manejada por una empresa pública.

La atención de salud y la educación son gratis con constantes mejoras a la infraestructura y el equipamiento. El salario mínimo se aumenta cada año varios puntos porcentuales por encima de la tasa de la inflación. Se ha expandido la cobertura y servicios disponibles del seguro social a muchos más pensionados y trabajadores. La titulación de la propiedad, dando prioridad a las mujeres, ha beneficiado a más de 100,000 familias, y junto con los programas de crédito han democratizado la economía a favor de las mujeres. Los pueblos indígenas tienen títulos de propiedad a casi la tercera parte del territorio nacional. La inversión pública en electrificación, en infraestructura portuaria, en carreteras, en aeropuertos ha reforzado la democratización de la economía a favor de las comunidades agropecuarias y pescadores históricamente marginados de las remotas zonas rurales y de la Costa Caribe. Durante todas estas semanas de crisis no se han dejado de pagar las pensiones y jubilaciones en todo el país excepto en aquellos lugares que en un momento u otro han estado bajo control de grupos violentos que impiden el funcionamiento normal de los bancos.

A pesar de todo esto, los simpatizantes de los MRS, aliados con la extrema derecha, insisten que el gobierno del Presidente Daniel Ortega ha priorizado los intereses corporativos de la empresa privada por encima de la mayoría empobrecida. Sin embargo, la economía está estructurada de tal manera que la economía popular contribuye más de 70% del empleo en el país, y el sector privado solo 15%. De hecho, la crisis actual en Nicaragua es una guerra de clase entre los sectores nacionales que quieren concentrar la riqueza para revertir la democratización de la economía en Nicaragua y un gobierno apoyado por los movimientos sociales que quieren redistribuir la riqueza y democratizar el país a favor de la mayoría empobrecida.

Una clara ilustración de los verderos intereses tras este golpe contra el gobierno del Presidente Daniel Ortega fue el incendio, el 5 de junio, for la misma banda de fascistas, de la Nueva Radio Ya, del banco cooperativo CARUNA que gestiona créditos solidarios a cientos de miles de socios de los sectores populares, y de las oficinas del Ministerio de la Economía Familiar, Comunal, Cooperativa y Asociativa (MEFCCA) que impulsa proyectos destinados a emopoderar económicamente a esos sectores. Al mismo tiempo, todos los bancos privados del país, de capitales colombianos, centroamericanos y de poderosos grupos financieros nacionales, han obligado a su personal a asistir a las marchas de la oposición “popular” al gobierno sandinista.

La derecha y los MRS apoyados por las élites estadounidenses no han podido alcanzar el poder político por medios democráticos. Por ese motivo han intentado un “golpe blando” para lograr lo que no podían por la vía electoral. En este contexto, nadie debería sorprenderse por el apoyo que ha recibido los MRS de parte de la mayoría de una izquierda occidental que en la práctica ha colaborado en la destrucción de Libia y Siria, que confía en la inexistente buena fe de sus medios liberales y piensa que sus ONGs humanitarias neocoloniales son una buena cosa. Tampoco nadie debe de estar sorprendida por el profundo silencio sobre Nicaragua de los grandes intelectuales latinoamericanos quienes casi todos en los momentos políticos más decisivos de los últimos años se han equivocado o se han lavado las manos. Su prioridad no es defender la verdad sino asegurar que no se pongan en riesgo las relaciones que tienen con sus redes de apoyo en la izquierda occidental y continental que en muchos casos comparten con elementos de los MRS.

Los MRS son estrechos aliados de una derecha criminal asesina. Sus medios mienten sistemáticamente como parte de la guerra psicológica del golpe blando. Sus asesinos aliados matan a jóvenes y culpan al gobierno. Son nueve policías asesinados y más de doscientos policías heridos, pero los medios y ONGs de los MRS reportan que es la oposición que ha sido atacado. Las bandas delincuentes opositores apoyados por los MRS han quemado decenas de edificios públicos entre alcaldías, ministerios y otras instituciones del gobierno, incluso museos.

Han atacado centros de salud, hospitales, casas maternas y destruido más de 55 ambulancias. Han atacado bomberos luchando para controlar incendios. Han destruido cientos de negocios privados. Han secuestrado, humillado y torturado a policías, personal de salud, trabajadores municipales y personas sandinistas o sospechosas de serlo. Su práctica de llamar “sapos” (colaboradores) a todos los que no piensan como ellos y lincharlos públicamente es eminentemente fascista. Si los dirigentes de los MRS y sus delincuentes asociados hubieran tenido aviones, ellos, igual que Somoza, habrían bombardeado los barrios fieles al FSLN en Leon, Estelí, Masaya y Managua con fósforo blanco y bombas de 500 libras.

No importa si la mayoría de los progresistas occidentales y gran parte de la izquierda continental no entienden esta realidad. Su ignorancia y soberbia son lamentables pero irrelevantes. Igual que antes, el pueblo de Nicaragua resolverá sus conflictos y desavenencias por medio de un proceso en que el Frente Sandinista de Liberación Nacional promoverá la democratización del país en defensa de los intereses de la mayoría, como siempre lo ha hecho.

Stephen Sefton es trabajador del colectivo Tortilla con Sal