De doble vara de medir al que nos tienen acostumbrado los medios de comunicación que escriben al dictado de los intereses neocoloniales que no quieren permitir que los pueblos latinoamericanos sean libres para disfrutar de sus riquezas naturales.

Ahora toca el turno a Nicaragua, un modesto Estado que en el siglo pasado sufrió una férrea dictadura que fue derribada en una Guerra Popular que costó dolor y sangre a miles de nicaragüenses, que se la jugaron para conseguir un futuro de libertad para su Patria. Derribada la dictadura, cuando parecía que el pueblo nicaragüense podría emprender la tarea de reconstrucción de todo lo que la dictadura y la guerra había destruido, se encontraron con unos EEUU que alentaron el terrorismo y una Guerra Civil pagada directamente con fondos provenientes de la venta de armas norteamericanas, todo ello con el silencio y la complicidad de los auto proclamados “países democráticos de occidente”.

Ninguna de estas agresiones exteriores, rompieron la firmeza democrática de Daniel Ortega que cuando perdió unas elecciones entregó el Gobierno y pasó a la oposición, a pesar de tener a su disposición una importante fuerza política social e incluso militar, que diferencia con lo que ha ocurrido en Honduras, de tal manera que sólo cuando después de pasar un largo período en la oposición recuperó el apoyo popular volvió al Gobierno, y empezó a demostrar cómo se gobernaba en favor de la mayoría social, lo que se vino a manifestar en el resultado de las últimas elecciones celebradas hace solo año y medio.

Pero esta victoria electoral, este apoyo popular, no podía ser soportado por el imperio y se puso de nuevo la maquinaria para desestabilizar la vida en Nicaragua, nada nuevo, la historia se repite: casi con los mismos protagonistas, un Gobierno legítimo, con apoyo popular y una fuerza colonial con apoyo de la oligarquía local que quiere conquistar por la fuerza lo que no es capaz de conquistar en las urnas, y se pone en marcha la gran maquinaria de la confusión, de la manipulación, y la Nicaragua que no había sido noticia por sus avances sociales, por la mejora de la calidad de vida de la mayoría del Pueblo, ocupa ahora portadas de medios informativos con imagen de violencia y caos.

Hay una tremenda y curiosa coincidencia en presentar lo que está ocurriendo en Nicaragua como una simple protesta ciudadana contra unas medidas planteadas por el Gobierno, no importa que el mismo Daniel Ortega diera marcha atrás, las protestas no se detuvieron, porque entonces apareció el verdadero objetivo que era desestabilizar y romper la convivencia, es decir, la cuestión de la reforma del INSS no era más que una excusa en una estrategia de desestabilización tristemente conocida en el continente latinoamericano.

Recuerda claramente a lo que ya se vivió en el Chile de Allende y ahora mismo se está desarrollando en Venezuela, y que está ligado al Golpe institucional en Brasil para sacar primero a Dilma de la Presidencia y después impedir a Lula, y a tantas agresiones que se están desarrollando en toda la región. Se trata de acabar por todos los medios con los Gobiernos de Progreso de la región, estamos ante un plan de la oligarquía nicaragüense con el asesoramiento y financiamiento norteamericano, para crear inestabilidad social y, progresivamente, inestabilidad política y escenarios artificiales de desabastecimiento y escasez de productos básicos.

Porque lo que no puede permitir el imperio es que se consolide lo que ponen todas las estadísticas de manifiesto, que Nicaragua es uno de los países más seguros y pacíficos de Centroamérica, con un creciente número de turistas e inversores extranjeros y con una de las tasas de crecimiento económico más altas de la región, en torno al 5 % del PIB anual.

El objetivo de estas acciones es socavar la imagen de Nicaragua y con ello cuestionar el Gobierno de Ortega para preparar el escenario de "golpe blando", de esta manera, al verse, imposibilitados de disputar el poder mediante los dispositivos democráticos, ante la avalancha de logros del Gobierno que preside Daniel Ortega , creen poder encontrar en la violencia callejera el formato destructivo para consumar su trama y sacar al FSLN del Gobierno sin esperar a unas elecciones que veían perdidas.

Por ello las fuerzas de izquierdas no podemos caer en las trampas que nos tienden para dividirnos y debemos desenmascarar estas acciones antidemocráticas por parte de la derecha nicaragüense con la complicidad y ayuda del Gobierno de EEUU y reivindicar los logros de la Revolución y Gobierno Sandinista en Nicaragua y en el mundo.

* José Luis Centella es del Presidente del Partido Comunista de España